El aire estaba cósmico, las estrellas los observaban a ambos. Ella tomo, la foto y la coloco junto al resto. Una fotografía de el sonriendo los asechaba desde la pared. Sus miradas coincidieron de nuevo, como siempre lo hacían. Ella siguió trabajando en lo suyo mientras el le observaba. Una mirada, una fotografía, un roce y una palabra.
- Extraño ¿no crees?-susurro ella, mientras le extendía una foto del atardecer en Sena que había quedado sobrepuesta, era una lastima-.
Sus mentes volvieron a ese atardecer, donde ambos seguían el mover de las olas y cantaban junto a las gaviotas. Parecía tan solo ayer, cuando sus labios se conocieron por primera vez en ese atardecer. Ella nunca olvidara como se enamoro de un joven tan despreocupado, atento, hermoso e inteligente como el. Y el por otra parte no lograba comprender lo mucho que la quería a ella, una joven tan soñadora, diferente, bella y tierna. Ambos se perdieron en las luces rojas de ese cuarto oscuro. De nuevo volvieron los sentimientos que consigo los llevaban perdidamente enamorados desde ese viaje a Sena.
- ¿Ves esa linea entre el horizonte y como es ta difícil distinguirla con el cielo?
- Sí.
- Es porque nunca acaba, como lo que yo siento por ti.
- ¿Tú sientes algo por mí?- pregunto ella, tan apenada y aliviada a qué el también la quisiera-.
- Mucho más que algo, y creo que tu también.
Debajo de el sol que empezaba a decender por el gran azul y gigante océano, el tomo su mano y se sintieron más juntos que nunca. Las memorias de sus encuentros anteriores pasaron por sus mentes, tomados de la mano se acercaron cada vez más, unidos por una pasión más fuerte que las olas del mar, el recorrió su mano por su pecho, pasando por su cuello y llegando a su cabeza. Ella acerco su cara a la suya y sus labios se saludaron y sus lenguas jugaron como dos niños pequeños.
Ambos volvieron al cuarto oscuro, que los rodeaba millones de fotografías, de ellos, de ella, de el y del atardecer.
domingo, 29 de mayo de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
El extraño.
Soy un fantasma nada más que eso, una alma apenada que cruzo su camino, él no se fijara, nunca lo haría ¿Por qué yo debía preocuparme? Uní mis piernas y me acerqué al estante de la derecha, pretendía buscar algún libro mientras le miraba de reojo. Podría pasar horas observándole. Pues eso hacía todos los días, me sentaba en esa grande y vieja biblioteca a esperarle, a observarle, a admirarle, a enamorarme...
Es estúpido, muy estúpido.
Él nunca me notara, mejor tomo un libro y me marcho, pretendo como si nada paso. Como siempre, y vuelvo a la casa a leer cualquier estúpido libro que me quite su imagen de mi cabeza. Pero hoy él estaba tan diferente, tan radiante y tan hermoso. ¿Me notaría? Le mire por un buen rato, lo estudié con mis ojos. Quise probar sus labios y comerlos lentamente.
Y entonces cuando menos lo esperaba, él voltio hacía mí. Nuestras pupilas coincidieron por primera vez y no pude evitar sonreír. Por él.
Mire para otro lado, me había delatado, había presenciado su hermoso rostro al desnudo. Y el él mio.
Cogí el primer libro que tenía en frente. Me devolví a la mesa, para observarle desde allí de nuevo, escondida detrás de mi propia sombra.
Como siempre.
Me senté y prendí mi cigarrillo, tímida de nuevo, espere a que él retomara su lectura y yo pretendiera empezar la mía, para observarle. Pero él se paro de su asiento y me miro de nuevo, con su mirada azul y penetrante. Se acerco a mí. De seguro iba en busca de otro libro.
Pero no, se sentó a mí lado.
Me había derretido tal vez, convertido en polvo y mortalmente perdida en su tan dulce y lujuriosa mirada.
¿Qué buscaban esos ojos de mi? ¿Amor? ¿ Interés?
- Te he visto antes por aquí-confeso él.-¿Qué lees?
- Tu... -aún tragando sus palabras, no sabía que responder, pensé que nunca se había fijado, nunca lo había hecho..-¿Tú me has visto?
-Pues claro, y tú también de seguro-dijo él, mientras me dejaba a ver su grande y dulce sonrisa, jure que era un sueño, uno muy bueno para ser realidad-... Veo que me observas mucho ¿Por qué nunca te has acercado?
- El miedo.
- Guardas el miedo y te escondes detrás de esos libros, detrás de los estantes, de tus miradas tan ocultas y secretas, pero si lo noto. Vengo aquí todas las tardes a esperar a que me observes, a que te ocultes detrás de tu sombra. Vengo todos los días con la esperanza de que por fin, te acercaras a mí y me dirás lo mucho que me piensas, porque se que lo haces, porque yo también lo hago. Pero detrás de tus miradas se que escondes algo, y nunca me dejas descubrir qué es.
No podía creerlo aún. No sabía que responder, no sabía como actuar, ni mucho menos que decir. Siempre había estado en mis narices, pero mi timidez no me lo había permitido ver.
Él se acerco a mí lentamente, dejando caer el cigarrillo de mi mano y cerrando el libro con rapidez, lo mire de nuevo, observe sus grandes y penetrantes ojos azul mar por última vez. Deslizo su mano derecha por lo largo de mi cabello, dejando caer sus labios sobre los míos.
Y allí estaba yo, en una tarde como otra, siendo besada por un totalmente extraño.
Es estúpido, muy estúpido.
Él nunca me notara, mejor tomo un libro y me marcho, pretendo como si nada paso. Como siempre, y vuelvo a la casa a leer cualquier estúpido libro que me quite su imagen de mi cabeza. Pero hoy él estaba tan diferente, tan radiante y tan hermoso. ¿Me notaría? Le mire por un buen rato, lo estudié con mis ojos. Quise probar sus labios y comerlos lentamente.
Y entonces cuando menos lo esperaba, él voltio hacía mí. Nuestras pupilas coincidieron por primera vez y no pude evitar sonreír. Por él.
Mire para otro lado, me había delatado, había presenciado su hermoso rostro al desnudo. Y el él mio.
Cogí el primer libro que tenía en frente. Me devolví a la mesa, para observarle desde allí de nuevo, escondida detrás de mi propia sombra.
Como siempre.
Me senté y prendí mi cigarrillo, tímida de nuevo, espere a que él retomara su lectura y yo pretendiera empezar la mía, para observarle. Pero él se paro de su asiento y me miro de nuevo, con su mirada azul y penetrante. Se acerco a mí. De seguro iba en busca de otro libro.
Pero no, se sentó a mí lado.
Me había derretido tal vez, convertido en polvo y mortalmente perdida en su tan dulce y lujuriosa mirada.
¿Qué buscaban esos ojos de mi? ¿Amor? ¿ Interés?
- Te he visto antes por aquí-confeso él.-¿Qué lees?
- Tu... -aún tragando sus palabras, no sabía que responder, pensé que nunca se había fijado, nunca lo había hecho..-¿Tú me has visto?
-Pues claro, y tú también de seguro-dijo él, mientras me dejaba a ver su grande y dulce sonrisa, jure que era un sueño, uno muy bueno para ser realidad-... Veo que me observas mucho ¿Por qué nunca te has acercado?
- El miedo.
- Guardas el miedo y te escondes detrás de esos libros, detrás de los estantes, de tus miradas tan ocultas y secretas, pero si lo noto. Vengo aquí todas las tardes a esperar a que me observes, a que te ocultes detrás de tu sombra. Vengo todos los días con la esperanza de que por fin, te acercaras a mí y me dirás lo mucho que me piensas, porque se que lo haces, porque yo también lo hago. Pero detrás de tus miradas se que escondes algo, y nunca me dejas descubrir qué es.
No podía creerlo aún. No sabía que responder, no sabía como actuar, ni mucho menos que decir. Siempre había estado en mis narices, pero mi timidez no me lo había permitido ver.
Él se acerco a mí lentamente, dejando caer el cigarrillo de mi mano y cerrando el libro con rapidez, lo mire de nuevo, observe sus grandes y penetrantes ojos azul mar por última vez. Deslizo su mano derecha por lo largo de mi cabello, dejando caer sus labios sobre los míos.
Y allí estaba yo, en una tarde como otra, siendo besada por un totalmente extraño.
lunes, 9 de mayo de 2011
Aún sueño contigo.
Era su esencia qué aún seguía marcada en mi silueta, sus besos aún estaban marcados en mi espalda, en mis labios, su olor volaba por la habitación como un pequeño colibrí madrugador. Era él, siempre lo había sido.¿Por qué le deje ir? ¿Por qué permití que el miedo y el dolor se aferraran de mi?
Era media noche, todo estaba tan callado. Ya no es escuchaba tu voz en vivo, solo viejas grabaciones retinaban por las paredes de mi memoria y de mi corazón.
Tal vez su rostro nunca aparecería por mis ojos de nuevo. Tal vez mi corazón nunca latiría por él nunca más.
¿Entonces qué quedaba para mí? ¿Soledad? ¿Melancolía por el resto de mis días?
Confusión y mas confusión pasaron detrás de mí. Entonces lo comprendí todo, mi vida no tenía sentido sin él, por más que me doliera enfrentarlo, él es mi realidad.
La alarma sonó. Y allí estaba él admirándome, como todas las mañanas de mi vida.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)