sábado, 5 de marzo de 2011

¡Marián! I

En un rincón de aquella calle estrega en París, donde el ruido retinaba por cada pared, los susurros del viento entraban por sus timpanos, la música de sus automoviles, se sentía los sentimientos en el aire. Y ahí  se encontraba Marián, una joven de 21 años. Llevaba unas botas grises, unos viejos calcetines que su madre le había conseguido en el invierno de su cumpleaños, tenía una falda blanca, llevaba un suéter negro y de sus orejas guindaban unos aretes que relucían con sus ojos. Parpadeaba constantemente y veía las personas pasar por su alrededor. Marián era detallista, notaba esos pequeños detalles ¡Era un placer para ella!
Junto a Marián paso una señora de mediana edad, hablaba por teléfono mientras masticaba un chicle de sabor a mora. Luego paso un niño de 8 años, se veía preocupado, daba pasos cortos y su mirada bajaba lentamente hacia el piso donde sus zapatos rechinaban contra el gris asfalto de la calle.
Marián estaba llena de soledad, tenía meses sin ver a alguien. Sus días se resumían en ir al trabajo, donde era asistente de una diseñadora conocida en París, contestaba su llamadas, rechazaba ofertas, buscaba cafés y se sentaba en su pequeña oficina a observar los detalles ¡Los detalles!
Luego de salir de su agotador trabajo, Marián tomaba el metro de las 5:45, llegaba al lado Este a las 6:00. Su apartamento quedaba a 4 cuadras de la estación de tren. Ella conocía ese recorrido, pasaba por el edificio gris que quedaba enfrente de su heladería preferida. Marián iba todos los sábados a esa heladería, le gustaba sentarse en la silla que se encontraba cerca de la ventana. Ahí Marián disfrutaba de su helado de fresas, y observaba a los ciudadanos caminar, podría durar horas ahí sentada. Cada vez que pasaba alguien diferente por la calle, Marián inventaba una historia diferente para cada persona. Allí iba una señora gorda y Marián imaginaba que era una artista, cantaba ópera y le gustaba pasear a su perro en la madrugada. Y allí iba un Hombre alto, Marián imaginaba que era un Doctor, del corazón y le gustaba leer el periódico sentado en su jardín mientras escuchaba a su Loro hablarle al viento.
Así concluían los días de Marián, después de pasar su heladería llegaba a su Edifico, era pequeño y solo tenía 4 pisos. Marián vivía en el segundo. Su vecino era un Joven músico, Marián lo supuso porque siempre tocaba su guitarra. El apartamento de Marián era pequeño, estaba decorado por su madre. Su madre trabajaba en una Librería, sentía un gran aprecio hacia su gato Pecas, le gustaba ver la lluvia caer por las tejas y escuchar a su esposo abrir las envolturas de sus caramelos preferidos. Por otro tanto el Padre trabajaba en un Taller, arreglando carros, le tenía miedo a las arañas, le gustaba salir al mercado mientras hablaba con desconocidos, era un hombre feliz que disfrutaba de la compañía de su esposa.
Marián dormía en una habitación azul, estaba llena de pequeñas pinturas hechas por ella. Marián desde muy pequeña le encantaba pintar ¡Lo amaba!
Como le gustaba agarrar un pincel y moldear su imaginación en un lienzo, mojaba su pincel en el oleo y dejaba salir toda su imaginación. Sus cuadros estaban llenos de detalles ¡Pequeños detalles! Le gustaba pintar sobre escenas cotidianas de la humanidad. Su pintura preferida la había hecho hace 4 años, le recordaba a su hermana, que había fallecido el año pasado. 
Si había una característica sobre Marián, era su tímida personalidad.
Las noches de Marián eran silenciosas, se ponía su pijama y emprendía un viaje cada noche a una situación diferente, detrás de las paginas de sus libros. ¡Libros! Marián tenía millones de libros, era experta en comerlos. No tenía un libro ni autor preferido, para ella todos eran preferidos. Marián prefería las novelas románticas. Cada domingo Marián iba a la Biblioteca de su madre y buscaba un libro diferente.


Un día ordinario tal como hoy, algo iba a cambiar en la vida de Marián. Ella se paro temprano como siempre y tomo su café acompañado con unas tostadas. Uso un suéter morado, con un par de jeans claros, sus converses amarillos, aquella bufanda que había comprado en el mercado de Biarritz, su pelo ondulado naranja fue rodeado con un lazo blanco y un labial rojo acompaño sus grandes y rosados labios. 
Marián salió de su apartamento y cerro con llave. En el segundo piso de ese pequeño y amarillo edifico, en la avenida de Paris, dos jóvenes coincidieron, dos jóvenes que compartían las mismas paredes y los mimos caminos todos los días, sin saberlo.


- ¿Tu vives aquí?-preguntó aquel joven músico que nunca se había percatado de la presencia de Marián, era de pelo oscuro y no muy alto, llevaba un uniforme de trabajo pero aún así se veía extremadamente bien-.


- Sí, en este apartamento- Marián señalo con su largo dedo el apartamento donde habitaba.- y tu vives aquí también ¿cierto? -Marián había visto al joven músico mas de una vez por los pasillos de su pequeño edificio.-


- Sí, ya se quien eres, eres la artista ¿cierto?- ¿Artista? se preguntó Marián, ella no era nada mas que otra persona ordinaria que trabajaba de asistente para Lucié Cotillard, ¿Artista? era la primera vez que la llamaban por ese nombre-.


- No sé si soy artista, pero me la llevo bien con el arte -dijo Marián con una pequeña risita escapada por sus cuerdas vocales. Era la primera vez después de muchísimo tiempo que Marián hablaba con un extraño, con alguien-.


- Yo soy Alexander- dijo el joven músico mientras estiraba su mano para que Marián le devolviera la suya-... Yo me la llevo bien con mi guitarra, creo que eso me hace algo como músico ¿no?- otra pequeña risa salió de la pequeña y delicada boca de Alexander, el joven músico-.


- He escuchado ha tu guitarra cantar, debo decir que tiene una excelente voz- dijo Marián, agregando pequeñas simpatías a la conversación. Marián se encontró descubriendo a aquel joven músico-.


- Quisiera ver algunas de tus pinturas, de seguro deben ser muy simpáticas y deben tener excelentes miradas- dijo el joven músico pero ¡Era tarde para Marián debía volver a su trabajo!-.


- Esta noche, ven a mi apartamento a las 7:00, y te enseñare a mis simpáticas pinturas ¿Si?- era ella Marián invitando a el joven músico a su apartamento, era difícil de creer, veniendo de ella, que se llevaba a la perfección con su amiga Soledad, era ella quien la acompañaba las 24 horas al día-... Se me hace tarde, debo llegar a mi trabajo.


- Perfecto, estaré ahí ...                                                                  

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