El sonido de los carros se hacia cada vez mas atormentarte, mis pies estaban plantados en ese techo fuertemente y mis manos sostenían la botella que era la culpable de todo. Recordé mi infancia y lo corta e insuficiente que fue para mí, cada memoria se desvanecía como mi aliento contra el viento. Miraba la calle con mis ojos aguados y rojos, la gente seguía con sus vidas mientras que yo estaba ahí. Cualquiera que hubiese presenciado ese acto hubiese pensado que estaba loca, no se necesitaba pensar dos veces.
Tal vez un adjetivo calificativo no cambiaría la situación por la cual estaba pasando. Era de noche, lo sabia por que el sol ya no seguía ahí vigilandome. Había llegado su amante; la luna. Y las insignificantes estrellas seguían bailando para mí.
Solo una semana de vida es lo que queda para ti Penelope, lo siento mucho. Esas habían sido las palabras de el doctor Rodrigues. Su recepcionista había llamado a mis padres la mañana del Jueves, dijo que se trataba de un tema de urgencia. Ellos estaban preocupados por mí, se le notaba en sus ojos y yo lo sabia. Estaban decepcionados, había tratado de suicidarme unas semanas antes del cumpleaños de mi madre. Una docena de pastillas y Vodka, había puesto el CD que me había regalado Sabino de cumpleaños, las voces de She & Him sonaban en el fondo, pensaba en que me esperaba cuando muriera ¿Acaso me extrañarían?.
- Bienvenida Penelope, me alegra que hayan venido.-su oficina era tan repugnante que me producía nauseas, mis padres sentados en las sillas amarillas que el había acercado a ellos y yo prendí un cigarrillo y me senté junto a ellos-... Como saben, el intento de suicidio de Penelope resulto grave para su salud y su corazón se ha demostrado cada vez mas inestable, según los exámenes realizados solo hay una cosa que decirte.
- ¿Y que es?
- Tu corazón no puede soportar mas trabajo... Solo una semana de vida es lo que queda para ti Penelope, lo siento mucho.
Una semana, una semana, una semana, 7 días, 168 horas. Eso era todo lo que quedaba para mí. Respire el aire que corría por el techo, tire la botella y mientras saltaba aprendí que el mejor regalo que nos han otorgado es vivir.
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